BODHAPAÑCADASIKÂ

(QUINCE ESTANCIAS SOBRE LA CONSCIENCIA)

1-2. Ese Uno cuya esencia es la inmutable Luz de todas las claridades y de todas las tinieblas, en quien claridades y tinieblas residen, es el Soberano mismo, naturaleza innata de todos los seres. La multitud de las cosas (la objetividad toda ella) no es nada más que su energía soberana.

3.- Y la energía no se sitúa como algo separado de la esencia de aquel que la posee. Hay eterna identidad de ambas (consciencia y energía) como el fuego y su poder de quemar.

4.- El, el Dios Bhairava (la Consciencia), tiene como característica la de mantener el universo todo entero reflejado, gracias a esta energía, en el espejo de su propio Ser.

5.- Ella, la suprema Diosa (la Energía), se entrega a la toma de consciencia de la esencia de Aquel cuya plenitud en todo lo que existe no aumenta ni disminuye.

6.- Este Dios se entrega eternamente al placer de jugar con esta Diosa. Omnisciente, El suscita de manera simultánea las diversas emisiones y reabsorciones (de la manifestación).

7.- Tal es su incomparable actividad, eminentemente difícil de realizar; tales son su libertad, su soberanía, su Esencia consciente de si.

8.- Es cierto que una luz consciente limitada caracteriza la inconsciencia; por el contrario la Consciencia no tiene como característica a la inconsciencia porque la Consciencia no tiene límite.

9.- Así las emisiones y reabsorciones se manifiestan a causa de su propia esencia en el interior del Ser, ellas cuya diferenciación depende de las energías específicas de Aquel que es esencialmente libre.

10.- Su extrema diversidad, esos mundos arriba, abajo, intermedios y aquello que los constituye, he ahí la existencia (Samsara; el mundo del devenir) dotada de placer y de dolor.

11.- El imperfecto conocimiento de este Bhairava (sobre el cual reposan las emisiones y reabsorciones de los mundos), forma parte de Su libertad (la libertad de ocultarse), ese imperfecto conocimiento, en verdad es la transmigración, terror de los seres entorpecidos.

12-13.- Inclinación de Su gracia, tradición del maestro o tratados religiosos; que por una o por otra de estas aproximaciones se despierte el Conocimiento perfecto de la Realidad (el Señor supremo) he ahí la liberación, la más alta soberanía, la plenitud de los seres iluminados, he aquí además lo que se llama liberación en esta vida.

14.- En realidad ninguna diferenciación existe en Paramesvara, estos dos, atadura y liberación, no están de ninguna manera separados de la Esencia del Señor supremo.

15.- Así, entra en contacto repetidamente con Bhairava (la Consciencia), naturaleza innata de todo, que reposa en el loto del tridente formado por las energías: conocimiento, actividad sutil (la actividad anterior a toda diferenciación grosera y que se transforma después en actividad ordinaria) y voluntad.

Abhinavagupta ha compuesto estos quince versículos con el fin de iluminar instantáneamente a los discípulos que tengan un alma delicada, viva y sutil.

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Dios te ama de verdad, muy en serio, te ama continuamente, te ama eternamente.

Esto es:  !Recuérdalo siempre! lo más importante de toda tu vida, lo mejor, lo fundamental, la clave para ser tú mismo, para entender el misterio de amor que eres tú.

Dios te ama.  Es absolutamente cierto, lo único verdaderamente seguro.

Tú, no tienes nada, no eres nada, no puedes nada.

Sin embargo, Dios te ama apasionadamente, con todo su amor.

Dios pensó en ti por amor, te modeló cual artista consumado, “a su imagen y semejanza”.

Desde toda la eternidad, te llevaba muy dentro de su corazón.

Te amaba en su hijo Jesús.

Por eso, eres su hijo muy querido. 

Naciste como hijo suyo, el día de tu bautismo.

Eres verdadero hijo de Dios, porque has nacido de Dios.

El día de tu bautismo, cuando el agua corría por tu frente.

Dios decía, todo emocionado: “Tú eres mi hijito muy querido, en ti me complazco”.

Tu gozo ha de ser el saberte amado por Dios, viviendo siempre lo que eres:  verdadero hijo de Dios.

Eres objeto de la predilección de Dios, por su pura bondad y misericordia.

Porque Dios es todo bondad, ha querido fijar sus ojos en tu insignificancia, en tu pequeñez, en tu nada.

No tienes absolutamente nada que merezca su amor.

No hay nada en tu persona que merezca la atención de Dios.

Sin embargo, Dios te ama con un amor personal, total, gozoso, incondicional y para siempre.

Tu pequeñez está tan inundada del amor de Dios, que la única razón de existencia, de tu categoría, es el amor personal de Dios.

Nada ni nadie podrá impedir que Dios te ame, te envuelva con su amor.

Dios te ama fielmente, para toda la eternidad.

Dios te ama hoy, mañana y todos los días, y te seguirá amando, pase lo que pase.

Su amor es incondicional, indestructible.

Y aunque cometieras la locura más grande de rechazar su amor, cerrándote obstinadamente, empeñado en irte para siempre al infierno, Dios seguirá amándote.

Tu cielo será siempre vivir sumergido en ese amor, amando.

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Followers of the Sufi Mysticism. Two different...

Image via Wikipedia

Había una vez una mujer que había oído hablar de la Fruta del Cielo y la codiciaba. Entonces le preguntó a cierto derviche, a quien llamaremos Sabar:

“¿Cómo puedo encontrar esta fruta, para conseguir el conocimiento de forma inmediata?”

“Harías mejor en estudiar conmigo”, dijo el derviche. “Si no lo haces, tendrás que viajar con determinación y sin descanso por todo el mundo.”

La mujer lo abandonó y buscó a otro derviche, Arif el Sabio; y después encontró a Hakim, el Docto; luego a Majzub, el Loco; más tarde, a Alim, el Científico, y muchos más…

Pasó treinta años buscando, al cabo de los cuales llegó a un jardín. Allí se encontraba el Árbol del Cielo, de cuyas ramas pendía la resplandeciente Fruta del Cielo.

De pie junto al Árbol estaba Sabar, el primer derviche.

“¿Por qué cuando nos encontramos por primera vez no me dijiste que tú eras el Guardián de la Fruta del Cielo?”, le preguntó.

“Porque en aquel momento no me habrías creído. Además, el Árbol sólo produce fruta una vez cada treinta años y treinta días.”

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Fwd: Nota de Prensa: Flores de Bach para la as...

Image by Galactinet Prensa via Flickr

Edward Bach era un médico galés que descubrió el sistema de remedios florales que lleva su nombre, cuando murió en 1936 su sistema ya estaba completo.

La concepción filosófica de Bach es una concepción universal del alma. Todos estamos inmersos en una fuerza vital: Dios, Universo, Naturaleza Superior, Fuerza Creadora, Principio Universal de la Vida, que nos rodea, nos pertenece y nos constituye.

Hay dos elementos en cada uno de nosotros, dice Bach, el Alma que es nuestra esencia, nuestro núcleo que es inmortal por ser parte de esa energía universal, y nuestra Personalidad, que es temporal y material. Ambas tienen que estar en armonía. Ésta es una concepción holística del ser humano que los astrólogos compartimos, que es en este planeta, solo una parte dentro de un Todo más amplio.

El Alma sabe para que ha venido cada uno de nosotros a este mundo, y que no es solamente para comer, beber, dormir, sexo y posesiones.

Si la Personalidad no está conectada con este saber, actuará equivocadamente respecto a esta unicidad o armonía.

Si la Personalidad no acepta la existencia del Alma, la persona presentará desequilibrio, disociación y hasta puede llegar a destruirse.

Si la Personalidad se sintoniza con El Alma, va a acercarse a las cualidades arquetípicas del ser humana (relacionadas también con los símbolos astrológicos), vinculándose con el Ser Superior.

Si se produce una colisión con esa armonía, se rompe esa corriente energética positiva, esa sintonía entre el Alma y la Personalidad, y aparecen los opuestos: egoísmo, ignorancia, inseguridad, malestar, infelicidad, desequilibrio, soberbia, odio, crueldad: es decir los aspectos negativos del ser humano, y así se da la enfermedad, que tarde o temprano se manifestará en el cuerpo.

Los síntomas de ese desequilibrio son los 38 estados inarmónicos definidos por Bach.

La enfermedad implica, entonces, una ruptura entre el Alma y la Personalidad. Cuanto mayor sea el desequilibrio, más profunda será esa ruptura, mayor será el ángulo de corrección necesario para llegar al estado positivo, es decir, al equilibrio natural.

Sin embargo, el hecho de llegar a la enfermedad, es un proceso. Primero serán los estados de ánimo, el humor, etc., los que nos mostrarán alteración, luego la enfermedad física, haciendo suficiente ruido como para ser tomada en cuenta. Yo confío, en que los astrólogos con nuestros conocimientos y nuestras previsiones podemos ayudar al cliente en la primera parte del proceso, cuando la enfermedad todavía no se ha manifestado. Es importante reconocer las señales de alarma antes de que profundicen lo suficiente como para aparecer en nuestro cuerpo. Creo que la Astrología puede ser un estupendo “scanner”, para ello y la energía que se encuentra en las Flores de Bach y que se obtiene de los capullos de flores silvestres apunta a desandar el camino y, en lugar de luchar contra ese estado negativo, ayudan a superarlo fortaleciendo y estimulando la cualidad positiva que se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Para ello hay que averiguar el cómo y el porqué de la condición. Ese efecto tiene una causa. Llegar a ella, con la inestimable ayuda de la Astrología nos va a ayudar no va a permitir encontrar las flores adecuadas para neutralizarlas.

Según Bach, la enfermedad nunca va a poder desalojarse con los actuales métodos materialistas, ya que no es material en su origen. Hasta que no se llegue al verdadero motivo de la enfermedad, las curas serán solo pasajeras. La focalización sobre el cuerpo da solo resultados superficiales y la enfermedad puede reaparecer de otra manera en cualquier momento.

Lo esencial de esta Terapia, que modifica profundamente los criterios tradicionales, de Paracelso en adelante, es su no-agresividad y su carencia de efectos secundarios.

Según Edward Bach:

Paracelso y Hahnemannn nos enseñaron a no prestar demasiada atención a los detalles de la enfermedad, pero sí a tratar la personalidad, el interior del hombre, a darnos cuenta de que si nuestra naturaleza espiritual y psíquica están en armonía, la enfermedad desaparece.

Si pensamos un momento, esto no es muy diferente de lo que decía Freud. Para Bach, la enfermedad es un desequilibrio energético en que un estado mental negativo es producto de un conflicto entre el Alma y la Personalidad; para Freud, el conflicto se da entre el Eros y el Tánatos es visto como etiología de la enfermedad.

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La herencia de Buda- Una historia de Osho

Cuando no hay pasado, cuando no hay futuro, sóimage008lo entonces hay paz. El futuro significa aspiraciones, logros, objetivos, ambiciones, deseos. No puedes estar aquí y ahora, siempre estás corriendo tras algo, yendo a alguna parte. Uno tiene que estar totalmente presente al presente, entonces es cuando hay paz. Y de ahí surge la renovación de la vida, porque la vida sólo conoce un tiempo, y ese tiempo es el presente. El pasado está muerto; el futuro sólo es una proyección del pasado muerto. ¿Qué puedes pensar del futuro? Piensas en términos del pasado, ya que es lo que conoces, y lo proyectas, aunque mejorado, por supuesto. Es más hermoso, está decorado; todos los dolores han desaparecido y sólo quedan los placeres, pero sigue siendo el pasado. El pasado no es, el futuro no es, sólo el presente es. Estar en el presente es estar vivo, en el óptimo, y eso es renovación.

Justo un día antes de que Gautam Buda dejara su palacio para salir en busca de la verdad, su esposa había tenido un hijo. Es una historia tan humana, tan hermosa…
Antes de irse del palacio quería ver el rostro de su hijo al menos una vez, el símbolo de su amor por su esposa. Por eso entró en su habitación. Ella estaba dormida y el niño estaba cubierto bajo una manta. Quería apartar la manta y descubrir el rostro del niño porque quizá no volvería nunca. Estaba a punto de salir a realizar una peregrinación desconocida. Estaba arriesgándolo todo: su reino, su esposa, su hijo, a sí mismo, por buscar la iluminación, algo de lo que había oído hablar y que sólo era una posibilidad que había ocurrido a un puñado de personas que la habían buscado.
Tenía tantas dudas como cualquiera de vosotros, pero había llegado el momento de tomar la decisión. Estaba determinado a partir. Pero la mente humana, la naturaleza humana… Simplemente quería ver; ni siquiera había visto el rostro de su propio hijo. Pero tenía miedo de que si movía la manta… si Yashodhara, su esposa, se despertase, le preguntaría: «¿Qué haces en mi habitación en medio de la noche?, y pareces preparado para ir a alguna parte».
Estaba a punto de salir y había dicho al conductor de la carreta: «Sólo un minuto. Déjame ver el rostro de mi hijo. Puede que no regrese nunca». Pero no pudo mirar por miedo a que si Yashodhara se despertaba, empezaría a llorar y lamentarse: «¿Dónde vas? ¿Qué haces? ¿De qué renunciación me hablas? ¿Qué es la iluminación?» Y uno nunca sabe lo que va a hacer una mujer, ¡podría despertar a todo el palacio! Su padre vendría y todo se iría al traste. Así es que simplemente se escapó…
Doce años después, cuando estaba iluminado, lo primero que hizo fue volver a su palacio para pedir perdón a su padre, a su esposa, a su hijo que ahora debía tener doce años. Se daba cuenta de que estarían enfadados. El padre estaba muy enfadado; fue el primero en venir a saludarle y estuvo insultándole durante media hora. Pero se dio cuenta de que él estaba diciendo muchas cosas y su hijo estaba allí como una estatua de mármol, como si nada le afectara.
El padre le miró, y Gautam Buda dijo: —Eso es lo que quería. Por favor, seca tus lágrimas. Mírame: no soy el muchacho que se fue del palacio. Tu hijo murió hace años. Yo me parezco a él, pero mi conciencia es muy diferente. Simplemente mira.
—Lo veo. He estado insultándote durante media hora y esto prueba que has cambiado. Recuerdo lo temperamental que eras: no podrías haberte quedado en silencio. ¿Qué te ha ocurrido?
—Te lo contaré, pero déjame ver primero a mi esposa y a mi hijo. Deben estar esperando; deben saber que he venido.
Y lo primero que le dijo su esposa fue: —Puedo ver que estás transformado. Estos doce años han sido un gran sufrimiento, pero no porque te hubieras ido; he sufrido porque no me lo dijiste. Si simplemente me hubieras dicho que ibas a buscar la verdad, ¿crees que te lo habría impedido? Me has insultado gravemente. Ésta es la herida que he estado llevando durante doce años. Yo también pertenezco a la casta guerrera, ¿piensas que soy tan débil que me hubiera puesto a gritar y a llorar y que habría tratado de detenerte?
Todos estos años mi único sufrimiento fue que no confiaste en mí. Te lo habría permitido, te hubiera dado un regalo de despedida, habría salido al carro a decirte adiós. En primer lugar quiero plantearte la única pregunta que ha estado en mi cabeza todos estos años, y es que cualquier cosa que hayas logrado… y ciertamente parece que has logrado algo.
Ya no eres la misma persona que se fue de este palacio; irradias una luz diferente, tu presencia es totalmente nueva y fresca, tus ojos son tan claros y puros como un cielo sin nubes. Te has vuelto tan hermoso… siempre fuiste hermoso, pero ahora parece que tu belleza no es de este mundo. Alguna gracia ha descendido sobre ti desde el más allá. Mi pregunta es, sea lo que sea lo que hayas conseguido, ¿no era posible conseguirlo aquí, en palacio? ¿Puede el palacio impedir que se manifieste la verdad?
Es una pregunta tremendamente inteligente, y Gautam Buda tuvo que admitirlo: —Podría haberlo conseguido aquí, pero en aquel momento no lo sabía. Ahora puedo decir que lo podría haber conseguido aquí, en este palacio; no era necesario ir a las montañas ni a ninguna otra parte. Tenía que ir dentro, y eso podría haberlo hecho en cualquier lugar. Este palacio es un lugar tan bueno como cualquier otro, pero ahora puedo decir eso, que entonces no tenía ni idea de que era así. Perdóname porque no es que no confiara en ti o en tu coraje. De hecho, dudaba de mí mismo: si te hubiera despertado y hubiera visto a nuestro hijo, podría haber comenzado a preguntarme: «¿Qué estoy haciendo dejando a mi preciosa esposa, que me ama con todo su amor, con toda devoción. Y dejando a mi hijo que sólo tiene un día… Si tengo que dejarlo, ¿por qué le he dado la vida? Estoy evadiendo mis responsabilidades».
Si mi anciano padre hubiera despertado me hubiera sido imposible partir. No era que no confiara en ti; en realidad no confiaba en mí mismo. Sabía que había una vacilación; no era total en la renuncia. Una parte de mí decía: «¿Qué haces? » y otra parte de mí decía: «Es el momento de hacerlo. Si no lo haces ahora se hará cada vez más difícil. Tu padre se está preparando para coronarte. Y cuando seas coronado rey, será más difícil».
br> Yashodhara le dijo: —Ésta es la única preguntar que quería plantearte, y estoy inmensamente feliz de que hayas sido absolutamente veraz al decir que podías alcanzar la verdad aquí o en cualquier parte. Ahora bien, tu hijo, que está allí de pie, un niño de doce años, ha estado preguntando por ti continuamente, y yo le he dicho: «Espera, él volverá; no puede ser tan cruel, no puede ser tan rudo, no puede ser tan inhumano. Un día vendrá. Quizá lo que ha salido a realizar le lleve tiempo; una vez que lo consiga, lo primero que hará será regresar».
Así pues, tu hijo está aquí y quiero que me digas, ¿cuál va a ser tu herencia para él? ¿Qué tienes para darle? Le has dado la vida, ¿qué más le darás ahora?
Buda no tenía nada excepto un cuenco para mendigar, por tanto llamó a su hijo que tenía por nombre Rahul. Llamó a Rahul cerca de sí y le dio su cuenco de mendigar. Le dijo: —No tengo nada. Ésta es mi única posesión; desde ahora en adelante tendré que usar mis manos como recipiente para tomar los alimentos. Dándote este cuenco te inicio en el sannyas. Ése es el único tesoro que he encontrado y me gustaría que tú también lo encontrases.
Y dijo a Yashodhara: —Tienes que prepararte para formar parte de mi comuna de sannyasins —e inició a su esposa. El anciano rey se acercó y estaba observando toda la escena. Dijo a Gautama Buda: —¿Entonces vas a dejarme fuera? ¿No quieres compartir lo que has hallado con tu anciano padre? Mi muerte esta cerca… iníciame a mí también.
Buda dijo: —De hecho, he venido a llevaros a todos conmigo, porque he encontrado un reino mucho más grande, un reino que durará siempre, que no puede ser conquistado. He venido aquí para que pudierais sentir mi presencia, para que pudierais sentir mi realización, y yo pudiera persuadiros de que os seáis mis compañeros de viaje.

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Los maestros ascendidos

Los Maestros Ascendidos son entes sin cuerpo o formas de energía del mundo espiritual. Conjuntamente con Ángeles, Árcangeles y guías espirituales pertenecen a esa parte del mundo invisible que nos ayuda y apoya en nuestra vida. Pese a que son muchas las personas que dudan de la existencia de estas dimensiones, cada vez son más el número de personas que experimentan su ayuda.

Uno no solo puede establecer contacto a traves de meditaciones, sino que ademas podemos percibire su presencia en el día a día. La mayor parte de los maestros ascendidos empezaron su existencia como humanos aquí en la tierra, superarón la dualidad y se convirtieron en un único ser espiritual. Al final de su vida eran Maestros Iluminados, algunos de los cuales todavía son conocidos hoy día, como por ejemplo: Cristo, Lao Tse o Kwan Yin.

Son Maestros cariñosos y comprensivos, nos ayudan en nuestro camino superando todo tipo de adversidades para pasar de la dualidad hacia la unidad

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